La voz correcta

Antes de elegir a un conferencista, casi todas las organizaciones hacen la misma pregunta.

¿Quién está de moda?

Es una pregunta comprensible.

Después de todo, nadie quiere equivocarse en una decisión que será vista por cientos o miles de personas.

Sin embargo, quizá esa no sea la pregunta más importante.

Porque un speaker muy reconocido puede ofrecer una conferencia extraordinaria…

…y aun así no generar el cambio que la organización esperaba.

No porque le haya faltado talento.

Sino porque quizá nunca fue la voz que esa organización necesitaba escuchar.

La fama es una respuesta sencilla para una pregunta compleja

Cuando llega el momento de organizar una convención, un kickoff o un congreso, suele aparecer una lista de nombres.

Algunos destacan por su trayectoria.

Otros por su presencia en medios.

Otros porque alguien más los recomienda.

Es natural.

La reputación ofrece una sensación de seguridad.

Si muchas empresas lo han contratado, parecería lógico pensar que funcionará también para la nuestra.

Pero las organizaciones rara vez son iguales.

Tienen historias distintas.

Culturas distintas.

Retos distintos.

Y, sobre todo, conversaciones pendientes muy diferentes.

Quizá por eso una misma conferencia puede resultar profundamente transformadora para una empresa y completamente olvidable para otra.

El verdadero trabajo de un conferencista

Existe una idea bastante extendida.

Pensamos que un conferencista llega para inspirar.

Y, desde luego, la inspiración tiene un lugar importante.

Pero tal vez no sea su principal aportación.

Es posible que el verdadero trabajo de un speaker sea otro.

Dar palabras a una conversación que la organización todavía no sabía cómo tener.

Esa diferencia cambia completamente la manera de entender una conferencia.

Porque entonces el criterio deja de ser cuánto sabe una persona.

Y comienza a ser cuánto puede ayudar a mover una conversación específica dentro de una organización.

Todas las organizaciones tienen una conversación pendiente

Hay empresas que necesitan hablar de confianza.

Otras de liderazgo.

Algunas de innovación.

Otras de responsabilidad.

En ciertos casos, la conversación pendiente tiene que ver con el servicio al cliente.

En otros, con la colaboración entre áreas.

Y, a veces, ni siquiera el propio equipo directivo logra identificar con claridad cuál es esa conversación.

Simplemente percibe los síntomas.

La estrategia no avanza.

Los equipos trabajan de forma aislada.

Las iniciativas pierden fuerza.

La comunicación parece desgastarse.

Cuando eso ocurre, resulta tentador pensar que hace falta un gran conferencista.

Pero quizá lo que realmente hace falta es comprender cuál es la conversación que la organización necesita abrir.

Solo después tiene sentido preguntarse quién podría ayudar a iniciarla.

Elegir por fama puede ocultar la verdadera decisión

Imaginemos dos escenarios.

En el primero, una empresa contrata a un speaker ampliamente reconocido.

La conferencia es impecable.

El auditorio responde con entusiasmo.

Todo parece haber salido bien.

En el segundo, otra organización elige a una persona menos conocida para el mercado en general, pero cuya experiencia conecta exactamente con el momento que vive la empresa.

Las conversaciones posteriores continúan durante semanas.

Los líderes retoman constantemente las ideas compartidas.

Los equipos encuentran un nuevo lenguaje para enfrentar sus retos.

¿Cuál fue la mejor elección?

Quizá la respuesta tenga menos que ver con la notoriedad del conferencista y mucho más con el contexto de la organización.

Porque una gran voz fuera de contexto puede convertirse únicamente en un buen espectáculo.

Mientras que la voz adecuada, en el momento adecuado, puede convertirse en el inicio de una transformación.

La pregunta cambia el resultado

Tal vez el error no esté en buscar al mejor speaker.

Tal vez esté en empezar por ahí.

Antes podría valer la pena responder otra pregunta.

¿Qué necesita comprender hoy nuestra organización para avanzar al siguiente nivel?

No es una diferencia menor.

Porque cuando la conversación se vuelve el punto de partida, cambian los criterios de selección.

La experiencia importa.

La credibilidad también.

Pero aparecen otros factores.

¿Puede conectar con la realidad que vive el equipo?

¿Tiene la capacidad de provocar una conversación que continúe después del evento?

¿Su historia ayudará a interpretar el reto de una manera distinta?

De pronto, la elección deja de ser un ejercicio de popularidad.

Se convierte en una decisión estratégica.

Quizá la mejor elección no sea la más evidente

Es posible que los nombres más conocidos sigan siendo excelentes opciones.

Pero también es posible que, en determinados contextos, la voz más adecuada no sea la más famosa.

Sea simplemente la que mejor entiende el momento que vive la organización.

La que logra poner en palabras aquello que todos intuían, pero nadie había conseguido expresar.

La que convierte una conferencia en el inicio de una conversación.

Y quizá esa diferencia explique por qué algunos eventos siguen generando impacto mucho tiempo después, mientras otros terminan exactamente cuando termina el aplauso.

Una pregunta antes de revisar cualquier catálogo

Antes de abrir una lista de conferencistas para el próximo evento, quizá valga la pena detenerse un momento.

No para pensar en quién podría subir al escenario.

Sino para responder algo mucho más importante.

¿Cuál es la conversación que nuestra organización necesita escuchar en este momento, aunque todavía no sepa cómo nombrarla?

Tal vez esa respuesta termine señalando al conferencista correcto.

No por su fama.

Sino por su capacidad para convertirse en la voz adecuada en el contexto adecuado.

Continúa la conversación: antes de elegir un conferencista para tu próximo evento, dedica un momento a identificar qué conversación necesita abrir realmente tu organización. Es posible que esa reflexión cambie por completo la forma de entender una buena elección.